Diario: trabajo, podcast, Kurt Vonegut y la rutina

 Lunes 18 de Mayo

En el trabajo escuché un podcast que me pasó Meli sobre literatura. Se llama Grandes Infelices. El primer episodio era sobre Vonnegut y me atrapó desde el comienzo. Lo escuché mientras realizaba mis tareas laborales, es un día muy frío, por suerte, en la oficina taller tenemos una buena calefacción, y se puede trabajar cómodamente.

Volviendo a Vonnegut, me interesó una anécdota que cuentan en el episodio. Relatan que Kurt alquilaba una habitación en la planta alta de una estación de servicio. El dueño aprovechaba que su hija se había ido a la universidad y rentaba esa habitación al escritor, quien acudía allí para escribir con tranquilidad.

Yo amo los espacios pequeños, con alguna que otra comodidad, pero con lo básico para estar solo, alejado del resto, y poder pensar, leer o hacer algo artístico.

Según cuentan en el podcast, a la hija del dueño de la estación no le agradaba en lo más mínimo que el escritor utilizara su habitación. Cuando regresaba del campus, encontraba en la basura y por los rincones decenas de manuscritos y papeles de Kurt Vonnegut que él mismo había descartado. La chica, por bronca, los quemaba. Grave error. Cuando Vonnegut se convirtió en un escritor famoso, esos papeles habrían sido muy codiciados por los coleccionistas. ¿Cuánto dinero habría ganado si los hubiera conservado?

Por la tarde fui al entrenamiento de fútbol en el parque y volví con dolor de espalda. Cenamos una polenta deliciosa con mucho queso y después me relajé en el sillón para leer un manga sobre Carl Jung.

Luego terminé El discurso vacío, de Mario Levrero, del que ya comenté algunos días atrás. El final y las anotaciones del diario sobre sus ejercicios de caligrafía no me resultaron demasiado interesantes. Terminé de leerlo más por compromiso que por entusiasmo.

Ahora sigo con algunas Aguafuertes porteñas, de Arlt, y después, a dormir.

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