Domingo 17 de mayo
Amaneció frío, nublado y con llovizna. Por suerte no tuve que ir a fútbol ni tuve otras actividades. Desayunamos con Meli unos mates con sándwiches de huevo, palta y queso.
A la tarde escucho en la radio el programa de fútbol regional y leo el suplemento Radar. No me interesaron tanto las notas publicadas este domingo.
La historia sigue a Max, un agente espacial que debe resolver un caso de tráfico ilegal de una sustancia utilizada por los viajeros para aliviar los efectos adversos de los viajes espaciales.
La investigación irrumpe en su tiempo libre, justo cuando su esposa debe cuidar a su suegra y él queda solo. Lejos de aprovechar ese momento para descansar, Max decide contactar a una antigua amante con la intención de reencontrarse con ella. Sin embargo, sus planes se frustran cuando un superior aparece de improviso y le asigna, con carácter urgente, la misión de desarticular la red de contrabando.
Asimov combina misterio, humor y deseo en una historia llena de ironía. Nos muestra personajes más humanos y ridículos que heroicos. A pesar del escenario futurista y de los viajes interplanetarios, el cuento termina siendo una sátira sobre las debilidades humanas. Plantea que, aunque estemos en un futuro remoto de viajes espaciales hacia Marte y otros mundos, las personas no dejarán de complicarse la existencia por ambición, sexo, ansiedad y otros impulsos.







