Lectura: Ensayos de Saer

Miércoles 6 de Mayo


Ayer, en La Vigil, estuve leyendo los ensayos de Saer y me interesó uno en particular sobre John Dos Passos. La reflexión de Saer gira en torno al arte y a su reducción a una cuestión moral, ideológica o a algo más profundo que eso.

La idea central del texto se desarrolla a partir de una tensión que no puede resolverse por completo: el arte parece estar siempre tironeado entre la necesidad de decir algo sobre el mundo y la imposibilidad de hacerlo de manera clara, cerrada o definitiva. Por un lado, en la modernidad aparece una fuerte exigencia de que el arte tenga un sentido, que esté comprometido, que sirva para explicar o intervenir en la realidad. Esa exigencia puede adoptar formas morales «el artista debe comprometerse», políticas (por ejemplo, ciertas lecturas del marxismo que ven el arte como expresión directa de la lucha de clases) o incluso estéticas, como la idea de que el arte debe seguir determinadas formas «correctas». Pero el texto señala que todas esas posiciones, cuando se vuelven rígidas, terminan por empobrecer el fenómeno artístico.

Lo que se cuestiona no es que el arte tenga relación con la historia o con la sociedad, sino la pretensión de que esa relación sea directa, transparente y reducible a una sola explicación. Cuando se afirma que una obra «expresa» tal ideología o tal clase social, se corre el riesgo de tratarla como un simple vehículo de ideas, como si su valor residiera únicamente en el mensaje que transmite. El texto sostiene que ahí se pierde algo fundamental: la especificidad del arte, su modo particular de producir sentido.

En ese punto aparece la figura de John Dos Passos como un caso ejemplar. Su obra, especialmente la trilogía USA, logra incorporar todos esos elementos que suelen exigirse al arte (contenido social, presencia de la historia, multiplicidad de personajes e incluso una mirada sobre la lucha de clases) sin transformarlos en una explicación cerrada del mundo.

En lugar de ordenar la? realidad bajo una idea clara, Dos Passos construye una experiencia: una acumulación de vidas, episodios y fragmentos que el lector recorre como si atravesara un viaje. No hay un centro evidente ni una jerarquía clara entre los acontecimientos. Lo que existe es una especie de flujo continuo donde lo individual y lo colectivo se mezclan. A través de este procedimiento, la historia deja de ser una teoría y se convierte en algo vivido. No se presenta como un sistema observado desde afuera, sino como una experiencia que se atraviesa desde dentro, con todas sus confusiones, repeticiones y pérdidas.

En ese sentido, la obra no responde a la pregunta de si la historia tiene o no sentido, sino que la mantiene abierta. Allí es donde el texto encuentra su punto más fuerte. En lugar de ofrecer una respuesta ideológica, Dos Passos expone la pregunta con toda su crudeza.

Para concluir, Saer dice que una obra puede cumplir con todas las exigencias que suelen hacérsele al arte (ser social, histórica y comprometida) y, al mismo tiempo, desarmarlas desde adentro. Porque en el momento en que intenta representar la realidad de manera plena, lo que surge no es un orden claro sino una complejidad que desborda cualquier esquema previo.

Por eso el texto de Saer concluye, aunque de manera implícita, que el arte no puede reducirse ni a la moral, ni a la ideología, ni a la sociología. Puede dialogar con todas ellas, pero siempre conserva un «resto» que no se deja atrapar. Ese resto es lo que hace que el arte constituya una forma particular de conocimiento: no un conocimiento que explica y ordena, sino uno que muestra, expone y obliga a pensar sin ofrecer garantías.

En el caso de Dos Passos, ese conocimiento adopta la forma de una gran pregunta sobre la historia y el sentido de la vida humana, una pregunta que no se resuelve pero que, precisamente por eso, adquiere una potencia mayor.


Diario: Crímenes del futuro, de Cronenberg

Domingo 3 de Mayo

A la mañana fui al fútbol. Jugaba mi equipo. Estoy lesionado y no puedo jugar, así que estuve para apoyarlos. El equipo anda bien y ganamos 3 a 0.

Al mediodía Mely hizo ravioles con pesto, deliciosos. Luego llevamos a Ate al parque y tomamos unos ricos mates.

A la noche llegó Lauta a casa para ver una película. Miramos Crímenes del futuro, de Cronenberg. Es una película rara. Transcurre en un futuro en el que a la humanidad le ocurrió algo: una evolución de los cuerpos y de los aparatos digestivos, con la aparición de nuevos órganos y también de tumores.

El mensaje es claro: el ser humano evoluciona para poder consumir alimentos a base de plástico. El arte se basa en tajear y mutilar cuerpos, cortar órganos; no existe el dolor. Es una película algo gore y extraña. Representa la culminación y la evolución de las ideas que Cronenberg desarrolló a lo largo de toda su vida.


Reseña de Comix: SARTRE Mathilde Ramadier & Anais Depommier


Esta historieta editada en Argentina por Godot en 2019, reconstruye la vida de Jean-Paul Sartre desde la infancia hasta su consagración como figura pública e intelectual comprometido. No lo hace como un manual de filosofía ni como una línea de tiempo escolar. Ramadier elige un tono narrativo que se detiene en escenas, diálogos y momentos íntimos: la formación del joven brillante y miope, la experiencia de la guerra, el vínculo central (intelectual y afectivo) con Simone de Beauvoir y la construcción de una figura pública que decide vivir de acuerdo con la idea radical de libertad que predica.

Lo interesante es que el libro no convierte a Sartre en una estatua La novela gráfica transmite con eficacia esa tensión entre el hombre y el mito, entre el pensador del compromiso y el individuo que también necesitaba reconocimiento. Incluso el episodio de su rechazo al Nobel se presenta como un gesto coherente con su postura, aunque atravesado por cierta ambigüedad.

El dibujo de Depommier acompaña con una línea clara y una paleta sobria que favorecen una lectura pausada. No hay espectacularidad ni artificio: predominan los interiores, los cafés, los escritorios, las calles parisinas. Es un libro que avanza a buen ritmo y cuyos capítulos invitan a cerrar el volumen para quedarse un momento en silencio frente a lo leído.

Quien busque explicaciones sistemáticas de la filosofía sartreana puede quedarse con ganas de mayor desarrollo conceptual. La obra no se propone explorar en detalle esa dimensión teórica, sino mostrar, a través de una biografía concreta, cómo las ideas sobre la libertad, la responsabilidad y el compromiso toman forma en una existencia singular. Allí radica su mayor virtud: hace visible que la filosofía, en el caso de Sartre, no fue un ejercicio académico aislado, sino una manera de estar en el mundo. Y ese recordatorio, en tiempos de pensamiento rápido y opiniones fugaces, devuelve espesor a la palabra compromiso y devuelve también a la lectura su poder de interpelación.


Recorrido urbano por el centro de Rosario, vacaciones.

Fui con Mely al centro sin plan fijo. Caminamos un poco y entramos a El Pez Volador, en calle San Lorenzo. Revisé las bateas de cómics, libros y música. En los CDs usados encontré un disco doble de Count Basie. Lo compré.

En el camino saqué varias fotos del centro con mi cámara digital de 2005. Vidrieras, veredas, edificios, galerías. Me gusta cómo esa cámara registra la luz, un poco dura, un poco plana; uso la función en tono sepia.

Al mediodía almorzamos en Blackford; los menús del día son baratos. Pedí carne al horno con puré mixto. Mely, filete de merluza con ensalada. Comimos sin apuro y disfrutamos el aire acondicionado del bar. De postre, helado de americana.

Luego paseamos por las galerías. En la Galería Rosario siempre voy a Eternia Store para ver los cómics usados que venden y las figuras de colección. También miramos las vidrieras de las tiendas de hobbies.

Necesitábamos comprar algunas cosas, así que fuimos a un mayorista chino. Después caminamos por calle Rioja rumbo a Mandrake Libros, la librería donde trabaja nuestro amigo Lauta. Nos quedamos bastante tiempo ahí. Charlamos. Miré libros y, como siempre, me llevé alguno: compré dos, uno de Miguel Grinberg y otro de Dalmiro Sáenz.

Tomamos el colectivo y volvimos a casa. A la noche, Mely hizo tarta de caprese. Abrimos un vino. Puse el CD de Basie y lo escuchamos mientras comíamos.

Día simple: centro, fotos, música, libros. Esas son mis vacaciones.
















La Fija


Maldito seas, Palermo
Me tenés seco y enfermoMal vestido y sin morfarPorque el vento los domingosMe patino con los pingosEn el Hache Nacional
Pa' buscar al que no pierdeMe atraganto con la verdeY me estudio el pedigréY a pesar de la cartillaLargo yo en la ventanillaTodo el laburo del mes
Berretines que tengo con los pingosMetejones de todos los domingosPor tu culpa me encuentro bien fané¡Qué le voy a hacer, así debe ser!Ilusiones del viejo y de la viejaVan quedando deshechas en la arenaPor las patas de un tungo roncador¡Qué le voy a hacer si soy jugador!
Palermo, cuna de reosPor tu culpa ando sin medioSin honor y dignidadSoy manguero y caraduraPaso siempre mishiaduraPor tu raza caballar
Me arrastra más la perreraMás me tira una carreraQue una bonita mujerComo una boca pintadaMe engrupe la coloradaCual si fuera su mishé
Berretines que tengo con los pingosMetejones de todos los domingosPor tu culpa me encuentro bien fané¡Qué le voy a hacer, así debe ser!Ilusiones del viejo y de la viejaVan quedando deshechas en la arenaPor las patas de un tungo roncador¡Qué le voy a hacer si soy jugador!


Tango "Palermo"  Letra de: Juan Villalba y Hermido Braga 


Faroles en la noche

El eco de sus pasos resonaba sobre la calle desierta, un sonido que parecía multiplicarse en la noche silenciosa. Los faroles, como guardianes cansados, proyectaban luz amarillenta sobre el pavimento, y las sombras alargadas se estiraban y se encogían con cada paso. Avanzaba sin prisa, sin destino, como si el acto de moverse fuera suficiente para llenar el vacío. La soledad era su cómplice, un refugio.

La ciudad dormía, él estaba más despierto que nunca. En la quietud de la noche, la mente se libera. No hay voces que interrumpan los pensamientos. Aburrirse libera ideas; estas se entrelazan en un diálogo íntimo que solo la soledad puede permitir. A veces, ese diálogo resulta ligero, como una brisa que acaricia el rostro. Otras veces, se vuelve profundo, como un abismo que invita a explorar rincones propios que se desconocen.


Se detuvo bajo un farol y miró hacia arriba. La luz amarillenta se perdía en la oscuridad y se desvanecía en la bruma tenue de la madrugada. Cerró los ojos, respiró hondo y una bocanada de aire frío penetró en sus pulmones. Un momento claro, puro. Nadie alrededor. Pero la soledad no era ausencia, sino la presencia de uno mismo. Era entenderse sin condiciones, aburrirse sin tedio, comenzar a pensar sin distracciones.

Abrió la puerta de su pequeño departamento en el tercer piso de un edificio viejo. La habitación estaba oscura. Encendió la luz, se quitó el abrigo, sirvió un vaso de escocés barato. Luego, se sentó en el sillón junto a la ventana con un libro en las manos y disfrutó de la tranquilidad, como si el mundo entero se hubiera detenido. No necesitaba más que eso.