Jueves 21 de Mayo
Terminé de leer Como si tuviera alas. Las memorias perdidas, de Chet Baker, y el libro me pareció excelente, justamente porque no es una autobiografía glamorosa de un músico de jazz. Es el relato de un hombre consumido por su adicción a las drogas, por su ego y por la dificultad para sostener algo concreto en su vida durante demasiado tiempo. En el recorrido por estas memorias aparecen hoteles sucios, agujas, peleas, cárceles, mujeres, viajes, noches que parecen no terminar nunca y una sucesión de caídas constantes que se repiten una y otra vez.Chet no se muestra como una víctima, pero tampoco como un héroe. No intenta construir una imagen determinada de sí mismo ni convertir su vida en una historia ejemplar. Se presenta, cruda y llanamente, como lo que, alguien que muchas veces vivía al borde del desastre y que parecía incapaz de escapar de sus propios problemas. Pero al mismo tiempo era poseedor de un talento extraordinario. Y es ahí, en la música, donde todo parecía funcionar perfectamente. Cuando habla de tocar, de los músicos con los que compartió escenarios o de determinados momentos de su carrera, aparece otra persona. La trompeta parece ordenar aquello que en el resto de su vida estaba permanentemente desordenado.
Hay algo profundamente melancólico en estas memorias, del mismo modo que en su forma de tocar jazz. Después de leer el libro es difícil escuchar a Chet Baker de la misma manera. Detrás de esas canciones aparecen los hoteles, los viajes, las noches interminables, las drogas, las peleas y también esos momentos en los que la música parecía ser el único lugar donde podía encontrar cierta calma. Sin embargo, el libro no intenta explicar su música a partir de sus desgracias ni convertirlo en el típico artista maldito. Se puede reconocer su enorme talento sin romantizar su adicción y, al mismo tiempo, entender que ambas cosas formaron parte de una vida llena de contradicciones.


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