Diario y Lectura: Isidoro Blaisten "Anti-conferencias"

Martes 26 de mayo

Hoy volví al trabajo después del fin de semana largo. Costó arrancar, pero no quedaba otra. La rutina volvió a imponerse.

Como todos los martes, a la tarde fui a la Biblioteca Vigil para acompañar a Mely mientras trabaja. Aprovecho el tiempo para leer y escribir sobre algunas lecturas. Siempre hago un recorrido por la mesa de libros usados que venden a precios simbólicos; uno por mil pesos o tres por dos mil. Hoy encontré una joya perdida: Anti-conferencias, de Isidoro Blaisten.

Lo empecé a leer de manera desordenada, saltando de un texto a otro, pero enseguida me atrapó. Blaisten escribe con una mezcla de humor, inteligencia y una cercanía que hace que uno sienta que está escuchando hablar a un amigo, más que leyendo una conferencia. Su idea de la literatura me resultó especialmente atractiva, no como un conjunto de reglas o teorías, sino como una manera de mirar el mundo. Para él, leer y escribir tienen más que ver con la curiosidad, el asombro y la sensibilidad que con cualquier conocimiento académico, lo cual comparto.

El texto que más me interesó fue Por qué no soy sartriano. Con su ironía característica, Blaisten cuestiona la solemnidad intelectual que durante buena parte del siglo XX rodeó a Jean-Paul Sartre y, sobre todo, a muchos de sus seguidores. Deja claro que no escribe contra Sartre, a quien admira como escritor y pensador. Su blanco son aquellos que transformaron sus ideas en un catecismo, convencidos de que toda obra de arte debía ser útil, comprometida y servir a una causa política.

Blaisten se burla de esos "sartrianos" que conoció en la Argentina, personajes que parecían tomarse la literatura como un tribunal moral y que desconfiaban del humor, del absurdo o del simple placer de contar una historia. Sin nombrarlos directamente, retrata un tipo de intelectual muy reconocible, solemne, dogmático y seguro de tener siempre la razón.

Más allá del contexto en que fue escrito, el ensayo sigue teniendo vigencia. Es una defensa de la libertad de la literatura frente a cualquier intento de convertirla en propaganda o en un manual de buenas conductas.
Blaisten reivindica el humor, la imaginación y la honestidad como formas de resistir el esnobismo intelectual.

Diario y lectura: Las memorias perdidas, de Chet Baker

Jueves 21 de Mayo

Terminé de leer Como si tuviera alas. Las memorias perdidas, de Chet Baker, y el libro me pareció excelente, justamente porque no es una autobiografía glamorosa de un músico de jazz. Es el relato de un hombre consumido por su adicción a las drogas, por su ego y por la dificultad para sostener algo concreto en su vida durante demasiado tiempo. En el recorrido por estas memorias aparecen hoteles sucios, agujas, peleas, cárceles, mujeres, viajes, noches que parecen no terminar nunca y una sucesión de caídas constantes que se repiten una y otra vez.

Chet no se muestra como una víctima, pero tampoco como un héroe. No intenta construir una imagen determinada de sí mismo ni convertir su vida en una historia ejemplar. Se presenta, cruda y llanamente, como lo que es, alguien que muchas veces vivía al borde del desastre y que parecía incapaz de escapar de sus propios problemas. Pero al mismo tiempo era poseedor de un talento extraordinario. Y es ahí, en la música, donde todo parecía funcionarle perfectamente. Cuando habla de tocar, de los músicos con los que compartió escenarios o de determinados momentos de su carrera, aparece otra persona. La trompeta parece ordenar aquello que en el resto de su vida estaba permanentemente desordenado.

Hay algo profundamente melancólico en estas memorias, del mismo modo que en su forma de tocar jazz. Después de leer el libro es difícil escuchar a Chet Baker de la misma manera. Detrás de esas canciones aparecen los hoteles, los viajes, las noches interminables, las drogas, las peleas y también esos momentos en los que la música parecía ser el único lugar donde podía encontrar cierta calma. Sin embargo, el libro no intenta explicar su música a partir de sus desgracias ni convertirlo en el típico artista maldito. Se puede reconocer su enorme talento sin romantizar su adicción y, al mismo tiempo, entender que ambas cosas formaron parte de una vida llena de contradicciones.

No hay una redención completa. No hay moraleja, ni superación ejemplar, ni aprendizaje luminoso que permita ordenar todo lo que ocurrió. Hay, más bien, una vida llena de aciertos y errores, de momentos extraordinarios y de caídas constantes. Quizás sea justamente por eso que el libro resulta tan humano. Chet Baker fue un hombre que muchas veces no pudo sostener su propia vida, pero que cuando tenía una trompeta entre las manos parecía encontrar algo que en el resto de su existencia se le escapaba. Al terminar el libro, eso es lo que queda, la imagen de Chet tocando, intentando encontrar durante unos minutos ese lugar en el que todo parecía funcionar.




Lectura: Carl G. Jung - El hombre y sus símbolos -

 Martes 19 de Mayo

Arranqué el día leyendo a Carl Jung: un libro que se llama El hombre y sus símbolos. No es un libro escrito en su totalidad por Jung, sino que él escribió el capítulo 1, Acercamiento al inconsciente. El resto fue un trabajo en conjunto que Jung supervisó y coordinó hasta el final de su vida.

En el prólogo del libro, John Freeman detalla cómo convenció a Jung de escribir esta obra, dedicada y dirigida a un público lector general. La idea fue propuesta por el editor Wolfgang Foges, luego de ver la entrevista televisiva que Freeman le realizó a Carl Jung en 1959 para la BBC.

En un principio, Freeman cuenta que Jung rechazó la propuesta, ya que se consideraba de una edad avanzada y tampoco le convencía escribir para un lector general que, según pensaba, difícilmente comprendería su trabajo. Sin embargo, cambió de opinión tras tener un sueño en el que se veía explicando con éxito sus teorías ante una gran multitud. Jung consideraba a los sueños como mensajes serios del inconsciente, por lo cual aceptó el proyecto.

Él mismo Jung diseñó la estructura de la obra. Escribió el primer capítulo, como dije antes, Acercamiento al inconsciente, y eligió a John Freeman para coordinar el proceso y vigilar que el lenguaje fuera accesible para cualquier lector. El resto de los capítulos fueron delegados a sus cuatro colaboradores más cercanos: Marie-Louise von Franz, Joseph Henderson, Aniela Jaffé y Jolande Jacobi.

Este libro fue la obra póstuma y el testamento espiritual del psiquiatra.

Diario: trabajo, podcast, Kurt Vonegut y la rutina

 Lunes 18 de Mayo

En el trabajo escuché un podcast que me pasó Mely sobre literatura. Se llama Grandes Infelices. El primer episodio era sobre Vonnegut y me atrapó desde el comienzo. Lo escuché mientras realizaba mis tareas laborales, es un día muy frío, por suerte, en la oficina taller tenemos una buena calefacción, y se puede trabajar cómodamente.

Volviendo a Vonnegut, me interesó una anécdota que cuentan en el episodio. Relatan que Kurt alquilaba una habitación en la planta alta de una estación de servicio. El dueño aprovechaba que su hija se había ido a la universidad y rentaba esa habitación al escritor, quien acudía allí para escribir con tranquilidad.

Yo amo los espacios pequeños, con alguna que otra comodidad, pero con lo básico para estar solo, alejado del resto, y poder pensar, leer o hacer algo artístico.

Según cuentan en el podcast, a la hija del dueño de la estación no le agradaba en lo más mínimo que el escritor utilizara su habitación. Cuando regresaba del campus, encontraba en la basura y por los rincones decenas de manuscritos y papeles de Kurt Vonnegut que él mismo había descartado. La chica, por bronca, los quemaba. Grave error. Cuando Vonnegut se convirtió en un escritor famoso, esos papeles habrían sido muy codiciados por los coleccionistas. ¿Cuánto dinero habría ganado si los hubiera conservado?

Por la tarde fui al entrenamiento de fútbol en el parque y volví con dolor de espalda. Cenamos una polenta deliciosa con mucho queso y después me relajé en el sillón para leer un manga sobre Carl Jung.

Luego terminé El discurso vacío, de Mario Levrero, del que ya comenté algunos días atrás. El final y las anotaciones del diario sobre sus ejercicios de caligrafía no me resultaron demasiado interesantes. Terminé de leerlo más por compromiso que por entusiasmo.

Ahora sigo con algunas Aguafuertes porteñas, de Arlt, y después, a dormir.