Un eslabón de la cadena Lp-

Me nublo me desvanezco
bostezo, tengo sueño
estoy cansado.
Me cuesta escribir
mi mente está bloqueada
en una suspensión permanente
no trazo una línea
no puedo,
estoy cansado.

El tiempo esta clavado
el reloj no avanza
se detuvo como mi fe
y todo se hace eterno.
No me animo a decir basta
aguanto y aguanto.

Al fin, llego la hora
me retiro con esa alegría
momentánea sabiendo
que tendré que volver
y ahora el tiempo va a jugar
de otro modo, como si
se burlara de mi avanza
a toda prisa
en caída libre
al vació
dejándome perplejo
y tan cansado
que solo resta dormir
y soñar
con lugares
extraordinariamente
silenciosos
sin rastros de nada humano
me imagino un pájaro.

Al despertar
no puedo evitar
darme cuenta
que la rueda sigue girando 
y de alguna manera
estoy ayudando a empujarla
sin poder escapar.

Lp

Campanadas -Lp-


Vivía en un pueblo alejado
donde estaba la costumbre  
de hacer sonar las campanas
de la iglesia cuando fallecía
algún habitante.

Cada vez que ese sonido
mortificante se oía en el
pequeño lugar,
no pasaba mucho tiempo
para que todos en el pueblo
se enteraran de quien se trataba

Así uno se iba haciendo viejo
y se acostumbraba al
sonido grave del badage
golpeando el anillo.

Note con el pasar
de los años
que la gente que dejaba
este plano existencial
eran de generaciones
mas cercanas a la mía
salvo por alguna desgracia
donde se apagaba la vida
de alguien joven.

Ahora hace mucho que no oigo
las campanas, no recuerdo
cuanto tiempo ha pasado
desde que las escuche
por última vez.

Lp

Narraciones: Estrellas fugaces del Fútbol

Amadeo Madero, "El Rustico” fue un jugador de futbol semi profesional que comando el ya extinguido Deportivo Tachito, equipo que supo ser una gloria en los campeonatos de ascenso en las ligas barriales Rosarinas.
Su vida fue dura, signada por los golpes desde el mismo día en que nació, su madre no soporto el parto, una descompensación le ocasiono la muerte, dejando al niño al resguardo de su padre.
De chico ya mostraba su habilidad para los trabajos fuertes, junto a su padre Héctor Madero mantenían un corralón de leña en la localidad de Cuchi Corral en las sierras Cordobesas de donde es nativo. La leña la conseguían ellos mismos de la tala de los árboles del lugar.
En ese tiempo el era feliz le encantaba el trabajo forzoso. Así pasó su infancia y un corto periodo de su adolescencia en las sierras, hasta ese momento nunca había tocado un balón de futbol.
Pero la crisis golpeó de nuevo a los hombres Madero, a raíz de una sequia y la falta de nuevos árboles para talar, el trabajo con la madera decayó. Su padre tuvo que cerrar el corralón, sin trabajo para sustentarse decidieron vender el depósito de leña y mudarse a la ciudad de Rosario, donde Héctor supuso que iba a conseguir algún empleo formal.
Ya en Rosario se establecieron en el barrio las Delicias, Héctor no consiguió un empleo formal como pensaba, por el contrario tuvo que trabajar en los hornos de ladrillos para llevar un plato de comida a su casa, mientras tanto Amadeo con dieciséis años recién cumplidos se dedicaba a hacer changas de todo tipo, en el mayor de los casos y favorecido por su robusto físico, debía hacer trabajos pesados como levantar escombros en obras de construcción, cargar camiones en el mercado de productores u hombrear bolsas de porlan en un corralón de materiales de su barrio. Sin embargo Amadeo era feliz.
Fue en esta época que comenzó a jugar al futbol atraído por los picados ocasionales que se realizaban en un potrero a tres cuadras de su humilde casa.
En sus primeros picados se mostro retraído, en ocasiones no toco un balón en todo el partido. Sin embargo al poco tiempo comenzó a mostrar su habilidad principal, cortar las jugadas, frenar los avances del contrario, talar el juego. Era respetado por todos los rivales, llegaría un momento en el que ningún delantero se atrevía a enfrentar mano a mano a este roble de acero. En el barrio lo apodaron “El Rústico”.
La etapa amateur de Amadeo (ya que solo jugaban en picados ocasionales por alguna damajuana de vino o algún que otro asado) duro hasta los dieciocho años, donde es visto de casualidad (porque justo pasaba por ahí) por el técnico de un mítico club de esa época, el Deportivo Tachito.
El Deportivo Tachito era un equipo que jugaba la liga de ascenso de los torneo barriales rosarinos, supo pelear campeonatos y se le recuerda por sus grandes contiendas contra su clásico rival, Atlético Recolectores, conjunto conformado por los recolectores de basura de la 9 de julio.
Amadeo pasó a ser uno de los jugadores más respetado de la escuadra Tachitense, como se le denominaba al Deportivo en esos años, llego a ser el jugador mejor pago del plantel, algo así como cincuenta pesos por partido. También le pagaban el boleto del colectivo que tomaba para llegar a las canchas cuando el Tachitense jugaba de visitante.
Así transcurrieron los años, todos los sábados Amadeo deslumbraba en las canchas barriales, su porte físico, su estampa de jugador casi impasable y el sello que dejaba en los tobillos y los muslos de los rivales le valieron ser elegido por la revista de tirada mensual “Zona Sud” como el jugador del año en varias ocasiones.
Pero nuevamente una tragedia golpea su vida, una tarde lluviosa y fría de invierno el señor Héctor Madero fallece en el hospital Provincial donde estaba internado a raíz de una pulmonía. Amadeo ya era un hombre de treinta años y sufrió mucho con la pérdida de su padre, su único compañero en la vida, Es que al rústico nunca le fue bien con las mujeres a pesar de su éxito como futbolista. El recuerdo que queda latente para siempre se vivió al otro día de la pérdida de su padre. El Rustico y su Deportivo Tachito jugaban el clásico barrial frente al Atlético Recolectores, en un partido duro, embarrado, peleado…, así fue que en el último minuto un rebote quedo tras un córner que el arquero de Recolectores no pudo retener dentro del área chica y Amadeo con la canilla anoto el primer y único gol de su carrera, gol que valió la victoria en ese clásico y que el rustico jugador dedico con fuerza y lágrimas a su padre señalando al cielo.
A los treinta y ocho años jugo su último partido en el Deportivo Tachito, se retiro llevado en andas por la gente del barrio y los fanáticos del equipo, dejando a su paso un historial de veinte años vistiendo la gloriosa camiseta Tachitense.
El resto de sus días los pasó trabajando en el frigorífico Swift cargando medias reses en los camiones, se dice que vivió con mucho dolor la desaparición del club de sus amores, que cerró sus puertas un triste día de otoño a principios del año noventa.
LP.