Reseña de Comix: SARTRE Mathilde Ramadier & Anais Depommier


Esta historieta editada en Argentina por Godot en 2019, reconstruye la vida de Jean-Paul Sartre desde la infancia hasta su consagración como figura pública e intelectual comprometido. No lo hace como un manual de filosofía ni como una línea de tiempo escolar. Ramadier elige un tono narrativo que se detiene en escenas, diálogos y momentos íntimos: la formación del joven brillante y miope, la experiencia de la guerra, el vínculo central (intelectual y afectivo) con Simone de Beauvoir y la construcción de una figura pública que decide vivir de acuerdo con la idea radical de libertad que predica.

Lo interesante es que el libro no convierte a Sartre en una estatua La novela gráfica transmite con eficacia esa tensión entre el hombre y el mito, entre el pensador del compromiso y el individuo que también necesitaba reconocimiento. Incluso el episodio de su rechazo al Nobel se presenta como un gesto coherente con su postura, aunque atravesado por cierta ambigüedad.

El dibujo de Depommier acompaña con una línea clara y una paleta sobria que favorecen una lectura pausada. No hay espectacularidad ni artificio: predominan los interiores, los cafés, los escritorios, las calles parisinas. Es un libro que avanza a buen ritmo y cuyos capítulos invitan a cerrar el volumen para quedarse un momento en silencio frente a lo leído.

Quien busque explicaciones sistemáticas de la filosofía sartreana puede quedarse con ganas de mayor desarrollo conceptual. La obra no se propone explorar en detalle esa dimensión teórica, sino mostrar, a través de una biografía concreta, cómo las ideas sobre la libertad, la responsabilidad y el compromiso toman forma en una existencia singular. Allí radica su mayor virtud: hace visible que la filosofía, en el caso de Sartre, no fue un ejercicio académico aislado, sino una manera de estar en el mundo. Y ese recordatorio, en tiempos de pensamiento rápido y opiniones fugaces, devuelve espesor a la palabra compromiso y devuelve también a la lectura su poder de interpelación.


Recorrido urbano por el centro de Rosario, vacaciones.

Fui con Mely al centro sin plan fijo. Caminamos un poco y entramos a El Pez Volador, en calle San Lorenzo. Revisé las bateas de cómics, libros y música. En los CDs usados encontré un disco doble de Count Basie. Lo compré.

En el camino saqué varias fotos del centro con mi cámara digital de 2005. Vidrieras, veredas, edificios, galerías. Me gusta cómo esa cámara registra la luz, un poco dura, un poco plana; uso la función en tono sepia.

Al mediodía almorzamos en Blackford; los menús del día son baratos. Pedí carne al horno con puré mixto. Mely, filete de merluza con ensalada. Comimos sin apuro y disfrutamos el aire acondicionado del bar. De postre, helado de americana.

Luego paseamos por las galerías. En la Galería Rosario siempre voy a Eternia Store para ver los cómics usados que venden y las figuras de colección. También miramos las vidrieras de las tiendas de hobbies.

Necesitábamos comprar algunas cosas, así que fuimos a un mayorista chino. Después caminamos por calle Rioja rumbo a Mandrake Libros, la librería donde trabaja nuestro amigo Lauta. Nos quedamos bastante tiempo ahí. Charlamos. Miré libros y, como siempre, me llevé alguno: compré dos, uno de Miguel Grinberg y otro de Dalmiro Sáenz.

Tomamos el colectivo y volvimos a casa. A la noche, Mely hizo tarta de caprese. Abrimos un vino. Puse el CD de Basie y lo escuchamos mientras comíamos.

Día simple: centro, fotos, música, libros. Esas son mis vacaciones.